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Jesús dijo: " Yo soy el camino, y la verdad y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí" (Juan 14:6) y, "porque si no creéis que yo soy, en vuestros pecados moriréis" (Juan 8:24). El apóstol Pedro se hizo eco de estas palabras: "Y en ningún otro hay salvación; porque no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos" (Hechos 4:12).
Pablo estaba de acuerdo: "Porque hay un solo Dios, y un solo mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo hombre" (1 Timoteo 2:5). Es, pues, el testimonio unánime del Nuevo Testamento, que nadie puede conocer a Dios sino a través de la persona de Jesucristo.
Para entender el porqué de esto, debemos volver al principio. Un Dios personal infinito creó los cielos y la tierra (Génesis 1:1) y al hombre a imagen suya (Génesis 1:26). Al acabar de crear, todo era bueno (Génesis 1:31).
El hombre y la mujer fueron puestos en un ambiente perfecto, con todas sus necesidades satisfechas. Sólo se les hizo una prohibición; no debían comer del fruto del árbol de la ciencia del bien y del mal, bajo pena de muerte (Génesis 2:17).
Desafortunadamente, ellos si comieron del árbol (Génesis 3), y el resultado fue una caída con cuatro aspectos. Se interrumpió la relación entre Dios y el hombre, como se nota en el intento de Adán y Eva por esconderse de Dios (Génesis 3:8).
La relación entre el hombre y sus congéneres fue cortada, y tanto Adán como Eva discutieron y trataron de echarle la culpa a otro (Génesis 3:12, 13).
También se rompió el vínculo entre el hombre y la naturaleza, la tierra produjo espinos y cardos y el mundo animal dejó de ser benévolo (Génesis 3:17,18). El hombre también se aisló de sí mismo, con un sentimiento de vacío y de falta de autorrealización, algo que no había experimentado antes de la caída.
Sin embargo, Dios prometió que enderezaría todas estas cosas y dio su palabra de que enviaría a un Salvador, o Mesías, que libraría a toda la creación de la esclavitud del pecado (Génesis 3:15). El Antiguo Testamento siguió repitiendo este tema de que algún día esa persona vendría al mundo y libertaría a la humanidad.
La palabra de Dios se cumplió en realidad. Dios se hizo hombre en la persona de Jesucristo. (Juan 1:14,29). Finalmente, Jesús murió en nuestro lugar para que pudiéramos gozar otra vez de una buena relación con Dios. La Biblia dice: "Dios estaba en Cristo reconciliando consigo al mundo" y "Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en él" (2 Corintios 5:19,21).
Jesús ha preparado el camino. Dios lo ha hecho todo, y nuestra responsabilidad es aceptar ese hecho. No podemos hacer nada para añadir algo a la obra de Jesús; ya El lo hizo todo por nosotros.
Si la humanidad hubiera podido llegar a Dios de otro modo, entonces Jesús no habría tenido que morir. Su muerte ilustra el hecho que no hay otro camino. Por tanto, ninguna otra religión ni líder religioso puede llevar a alguien al conocimiento del único y verdadero Dios.
Ahora bien, la muerte de Jesús no es el fin de la historia. Permítanos ilustrar por qué preferimos a Jesús encima de otros líderes religiosos. Supongamos que un grupo de nosotros camina por un bosque muy denso. Al penetrar en el bosque, nos perdemos. Al darnos cuenta de que, si tomamos la senda equivocada, podemos perder la vida, nos asustamos. Pero pronto notamos que a la distancia, donde se divide el camino, hay dos formas humanas. Mientras corremos hacia esos hombres, observamos que uno tiene puesto un uniforme de guardabosques, y está en pie allí muy sano y vivo, mientras que la otra persona yace boca abajo, muerta. Ahora, pues, a cual de estas dos personas le vamos a preguntar por la salida del bosque? Es obvio que a la que está viva.
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