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  UN HOGAR CRISTIANO  
     
Vínculo El matrimonio fue idea de Dios.
El Matrimonio es la única Institución que nos ha venido desde el otro lado de la caída del hombre en el Jardín del Edén (Génesis 2:21-25). Dios ordenó el matrimonio antes de que el pecado entrara en el mundo e intentó que fuera la más plena, la más rica y la más gozosa vida en el planeta Tierra. Si falla en serlo, la falla no está en la Institución misma sino en aquellos que entran en ella descuidadamente y fracasan en cumplir sus condiciones. De hecho, el matrimonio es tan importante en el plan de Dios que El hace una comparación en la carta a los Efesios entre el Matrimonio y la Iglesia. “El esposo es la cabeza de la esposa, así como Cristo es la cabeza de la Iglesia; y El es el Salvador del cuerpo. Por lo tanto, como la Iglesia está sujeta a Cristo, así las esposas deben estar sujetas a sus propios maridos. Esposos, amen a sus esposas así como Cristo amó a la Iglesia y se dio a sí mismo por ella... Así los hombres deben amar a sus esposas como a sus propios cuerpos. El que ama a su esposa, a sí mismo se ama” (Efesios 5:23-25; 28).
La Iglesia debería ser un reflejo del hogar, y el hogar un reflejo de la Iglesia.
Las expectativas para el matrimonio varían en muchas maneras. Algunos se casan por motivaciones equivocadas tales como: atracción física, seguridad financiera, seguridad física, estabilidad emocional, compatibilidad sexual, para liberarse de los padres, escapar de un hogar malo, una pobre auto imagen, aprobación, y la lista continúa. Tarde o temprano estos motivos se manifestarán y pondrán el matrimonio en peligro.
Dios planeó que muchas de nuestras necesidades individuales se suplan a través del matrimonio. La necesidad de compañerismo, familia, aceptación social, intimidad sexual y muchas otras necesidades son logradas a través del matrimonio. “Por eso dejará el hombre a su padre y su madre, y se unirá a su mujer, y los dos serán una sola carne” (Efesios 5:31).
Dios ordenó el matrimonio para el confort, la felicidad y el beneficio de la humanidad. Es parte del plan original de Dios. No es una relación que ha evolucionado. No es una costumbre en la cual el hombre cayó en los tempranos días de la raza humana. No es un mero arreglo o relación que es temporario y hecho por hombres. Es de origen Divino como parte de la creación de Dios, que Dios ordenó para ser una obligación de por vida del uno para el otro. “Lo que Dios unió no lo separe el hombre” (Marcos 10:9). Es Su Institución Ordenada para que los hombres y mujeres se unan en una relación física y emocional y tengan el privilegio de traer niños a este mundo.
No hay relación sobre la tierra tan cercana y sagrada como la relación de matrimonio.
Sobrepasa a la relación de hijo a madre o padre. Nuestro Salvador, Él mismo, determinó que el hombre debe dejar a su padre y a su madre y unirse a su mujer (Génesis 2:24). Esto no debe ser tomado en el sentido de que un hombre sea negligente con su padre o madre, lejos sea de eso. Esto significa que la relación matrimonial y sus obligaciones están primero.
Desde el momento en que un hombre y una mujer se paran ante el altar matrimonial, su más alto deber es el uno para con el otro.
 
 
Vínculo Necesitamos hombres de Dios
 Mas tú, oh hombre de Dios, huye de estas cosas, y sigue la justicia, la piedad, la fe, el amor, la paciencia, la mansedumbre. Pelea la buena batalla de la fe, echa mano de la vida eterna, a la cual asimismo fuiste llamado, habiendo hecho la buena profesión delante de muchos testigos. 1º Tim. 6:11-12

El apóstol Pablo le escribe a Timoteo, y entre muchas cosas que sin duda hicieron sacudir al corazón de éste joven predicador, fueron las palabras que acabamos de leer: “Oh hombre de Dios”. ¿Quién era Timoteo? Un varón joven que empezaba su ministerio, alguien que temeroso de Dios sentía la indignidad de estar en tal servicio y que no acababa de asombrarse que el Señor lo hubiese puesto en una labor tan extraordinaria como lo es la Obra de Dios. Él era hijo de una Señora judía que se había casado con un griego, y como resultado de ese matrimonio mixto, había nacido él. Un muchacho en el cual se posaron los ojos del más grande misionero de todos los tiempos, el gran apóstol Pablo, el cual le había dicho que le acompañase en su viaje misionero porque él creía que Dios le podía usar. Pero los días y meses habían pasado pronto, ahora Timoteo estaba a cargo de una iglesia cuando recibe una carta del apóstol Pablo, y entre todas las cosas que le escribe le dice: “Mas tú, oh hombre de Dios.” Sin duda alguna que esto le hizo sentir un mayor peso de responsabilidad ya que alguien de mucho respeto le estaba llamando con el título más honroso que se le puede dar a un varón: “Hombre de Dios.”
Hay muchos hombres de negocios, hombres de mundo, de letras, de la política, de las finanzas, hombres del deporte, de la farándula; pero hay muy pocos hombres de Dios. Lo que necesitamos sin dilación son hombres de Dios. La iglesia debería estar con toda la piedad y clamor pidiendo al Señor constantemente: Señor, danos varones de Dios que sigan el ejemplo del Señor Jesucristo
Sí, necesitamos nuevos edificios, más recursos para ampliar nuestras instalaciones y multiplicar nuestros ministerios, necesitamos muchas cosas materiales, pero sobre todas las cosas necesitamos hombres de Dios; porque ¿Quiénes serán los que van a detener la inmoralidad? ¿Quiénes son aquellos que van a señalar el camino de la verdad? ¿Quién va a enseñar a la familia la humildad, la sencillez, el honor, el respeto y las virtudes? ¿Quiénes son los que van a proclamar el nombre glorioso de nuestro Señor Jesucristo? ¿Quiénes son los que van a advertir a las multitudes acerca del pecado? ¿Quiénes van a señalar la diferencia entre lo que es de Dios y lo que no es de Dios? ¿Quiénes son aquellos que van a responder las preguntas difíciles que se hacen en el seno de los hogares, y a las mentes inquietas que necesitan el conocimiento de Dios? ¿Quiénes harán lo que Dios indicó para que lo realicen los varones?
Piensa en tu hijo quizá niño, adolescente o joven, tal vez confundido, tal vez tímido, tal vez no sabes cómo guiarlo. Créeme que Dios quiere hacer de él un hombre de Dios; y llegará a serlo, si te dedicas en eso, con toda tu alma y todo tu ser obediente a lo que indica Su Palabra, y ruegas:”Señor, levanta de entre mis hijos, varones de Dios. Para que se casen con mujeres fieles y sabias, y formen familias que prioritariamente te amen y sirvan en santidad con espíritu, alma y cuerpo”.
 
 
 
Vínculo Principios de un noviazgo cristiano
Samuel Edelstein – www.losnavegantes.net
I. Definición
A. La Biblia no habla explícitamente en cuanto a lo que ahora conocemos como "noviazgo". Sin embargo, para el cristiano, debe ser una relación hacia el matrimonio. (Génesis 2:20-24). No es un juego o pasatiempo.
B. Es menos íntimo y comprometido que el matrimonio, pero es mucho más que una amistad.
C. Un noviazgo, aunque es una relación con mira al matrimonio, no tiene que terminar en una boda (en matrimonio). Pero sin embargo, el noviazgo es la relación que establecen, un hombre y una mujer con el fin de desarrollar la estructura base para el matrimonio.
II. El noviazgo cristiano debe ser entre dos cristianos
A. No debemos tener enlaces fuertes con un-a no cristiano-a (2 Co. 6:14-7:1).
B. Para andar juntos, deben tener las mismas metas (cristianas) (Amos 3:3).
C. Andar con una persona inadecuada nos daña (Prov. 13:20).
D. Es un engaño contraer noviazgo o matrimonio para convertir a la otra persona (1 Co.7:16).
E. No por ser los dos cristianos automáticamente deben casarse (1 Ti. 5:1-2).
III. El proceso de un noviazgo cristiano debe seguir la voluntad de Dios.
A. Debemos buscar y esperar la voluntad de Dios, sabiendo que es perfecta, agradable y mucho mejor que la nuestra (Rom. 12:1-2).
B. Es muy importante buscar la voluntad de Dios para casarse "en el Señor" (1 Co. 7:39).
C. No enredarse en un noviazgo si no es la voluntad de Dios (2 Ti. 2:3,4, 1 CCO. 7:7-9,17,27-28).
D. Es esencial tener la mujer que Dios tiene para uno (Prov. 18:22, 19:14).
E. El tiempo de comenzar un noviazgo debe quedar bajo la voluntad de Dios (Ecles. 3:1-8, CC. 2:7, 3:5, 8:4).
F. Debemos concentrarnos en las cosas agradables a Dios; una relación que diminuya mi ministerio no es la voluntad de Dios (Col. 1:10, 3:1-2, Fil. 4:8, etc.)
G. Los jóvenes no deben discipular a las jóvenes, sino dejar esto a las mujeres más maduras (Tito 2:1-6).
H. Es algo muy serio y poderoso abrir el corazón a una persona del sexo opuesto. Debemos estar seguros de la voluntad de Dios antes de hacerlo (Gn. 34:3, Jue. 16:15-18, 19:3, 2 R. 11:4, Rut 2:13, Prov. 6:23-25, 7:25, Ecl. 7:26, Os. 2:14, CC 8:6, etc.).
IV. Nuestro trato con el sexo opuesto siempre debe ser santo y puro.
A. La voluntad de Dios es que seamos santos y que evitemos la fornicación (1 Tes. 4:1-8, 1 Ti. 4:12, 5:22, 2 Ti. 2:22).
B. El sexo, creado por Dios, es bueno (Gn. 1:31), pero sólo dentro del matrimonio (He. 13:4, Prov. 5:15-23).
C. A las jóvenes cristianas hay que tratarlas como hermanas, con toda pureza (1 Ti. 5:2).
D. Es importante tener el mínimo contacto físico con una persona del sexo opuesto (1 Co. 7:1).
E. Es sano establecer relaciones sociales en grupo en vez de individualmente (He. 10:24-25).
F. La Biblia enfatiza la importancia de la pureza (1 Ti. 4:12, Tito 1:15, 1 Jn. 3:3, etc.).



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